Pero hoy que pudimos encontrarnos con Kiki, recibir a Juliana, escuchar a Alicia, cantar con Maruca, descubrir cómo llegó Filosofía para Niños y Eugenio Echeverría a la escuela, reirnos con Diego, Deyi y Carolina; escuchar con reconocimiento a Margarita, Chelita, Zoyla y Gladys; recordar a Rocío Ávila, conmovernos con Eduardo Rubio y Tere Saénz por skype, conectarnos desde el corazón con Aco, conocer y agradecer al Arq. Jorge Alfonso y a Ma. Elena, fundadores mexicanos de nuestra escuela; saber la gran benevolencia de Trudy y su familia; compartir con los exalumnos, imaginar con Rocío y con todos los que vinieron esos caminos de lodo, esas botas de todos para llegar a pie, esos tesoros escondidos, esas anécdotas inolvidables, esa forma de hacer el pan, esa opción por lo natural, por lo estético, por lo no cuadrado, ese gusto por caminar, esas clases de barro, ese gran amor compartido y alimentado por gente tan distinta y a la vez tan igual, ese poder complementar, ese deseo de aportar, ese descubrir por testimonios que la formación que logramos al estar juntos es para la vida, esa creatividad de nuestro alumnado, esa alegría con la que festejamos al Pequeño Sol frente a la cámara, esa comprensión ante las omisiones imprevista; esas fotos recibidas; hoy por todo esto confirmo que no es una fantasía la magia del Pequeño Sol.
Su magia ha sido dada por las personas que conocimos hoy, por quienes asistimos día a día, por quienes no pudieron llegar, por quienes fueron el grupo de fundadores, por quienes fueron docentes, administrativos y equipo de intendencia, por quienes fueron vigilantes, auxiliares, por quienes fueron y son AC, por quienes llevan años y sí también por la montaña, y por supuesto por las familias que integramos la comunidad, tenemos una comunidad.
Hoy además estuvieron presentes todos los que no llegaron, pero que al pasar mucho o poco tiempo en nuestra escuela dieron un servicio a las demás personas, seguro que venían en el corazón de muchos de los que estuvimos, imposible dar nombres, pues todos fueron tan importantes que una omisión sería excluyente y dolorosa, pero están también los que dejaron nuestra comunidad, a ellas y ellos también les agradecemos porque sabemos que parte de lo que somos, tenemos, heredamos y transformamos es gracias al tejido que hicimos juntos.
Creo que el impulso del latido del corazón del Pequeño Sol esta justo ahí en la convicción profunda de que se puede y se debe ser diferente y solidario para trascender y cosechar; de que es posible ir más allá y que justo eso hace la diferencia.
¡Cuánta inspiración! ¡Cuánto cariño! ¡Cuánto dar sólo por amor a los hij@s!
El Pequeño Sol es de todos.
Gracias y a seguir caminando.
Adelina González Marín
Directora General
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